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Editoriales

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Publicado el 07/22/2005 12:37 AM EST
KARL ROVE, EN EL OJO DE LA TEMPESTAD
El dicho “siembra tormentas y cosecharás tempestades” explica la situación en que se encuentra el operador político más influyente de la nación, Karl Rove, al confirmarse que él fue parte del escándalo en la identificación a la prensa de una agente de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) para vengarse contra un crítico de la guerra a Irak.
Para los críticos del Presidente, Rove es el “cerebro” de George W. Bush; para el mandatario, Rove es el “arquitecto” de su reelección y para los republicanos el gestor de los grandes triunfos del partido. Su genialidad está basada en un hábil olfato, trabajo incansable y tácticas políticas agresivas.
Estas últimas son las que tienen a la Casa Blanca a la defensiva porque Rove, a diferencia de sus colegas, se convirtió en un poder dentro de la Administración. Hoy es el Presidente quien debe responder por las acciones de su gente.
Otra vez la Administración dice y se desdice a medida que el tiempo pasa, dañando más la maltrecha credibilidad que le queda. El portavoz de la Casa Blanca está en aprietos con la prensa porque aseguró tiempo atrás que era “ridículo” pensar que Rove tuviera algo que ver con el tema. Por su parte, el Presidente mantiene un silencio respetuoso de la investigación después de asegurar que despediría a quien haya estado involucrado en la filtración en la Casa Blanca, manteniendo su conocida línea dura contra las acciones de este tipo.
Si bien el gobierno oficialmente calla y espera, el establishment republicano está en pie de guerra tratando de cambiar el rumbo de la discusión. Los ataques contra Wilson y los demócratas que piden explicaciones se han acentuado con la intención de culpar a la víctima del incidente y hacer un héroe del perpetrador, al mismo tiempo que sus tecnicismos y ambivalencias superan la imaginación.
Una contienda política de por sí es dura, pero gracias a Rove la destrucción personal se convirtió en un arte. El presidente Bush, quien dijo abogar por la civilidad en Washington, lo llevó y lo instaló como su subjefe de gabinete para extender el clima de la campaña dentro de su gobierno y, para desgracia del país, tuvo éxito.
No es casualidad que la capital del país esté viviendo uno de los climas políticos más divisivos y hostiles de las últimas décadas.