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En los casi trece mil años que lleva formándose esta civilización, apenas en los últimos mil seiscientos años se ha celebrado el final del año a finales de diciembre. No tardó mucho la especie para entender que había ciclos que se repetían a lo largo del año, que al frio le sucedía un clima más benigno para luego calentarse y volver a enfriarse. Con observación, atención y cuidado, comprendió la profunda relación entre lo que veía en el firmamento nocturno y lo que sucedía con el clima. Luego vio que los ciclos de temperatura también determinaban las migraciones de los animales y todo ello le sirvió cuando decidió dejar de deambular y optó por quedarse en un solo lugar. Con algo más que imaginación, relacionó la naturaleza con lo mágico, lo divino y finalmente lo espiritual, sin dejar la observación como referente fundamental de todo. No les fue difícil entender que las fechas que hoy conocemos como 21 de marzo, 21 de junio, 21 de septiembre y 21 de diciembre eran MUY importantes para los ciclos del mundo. Eran los solsticios y equinoccios que marcaban con precisión el cambio de las estaciones y en todo el planeta, cada cultura por su lado, empezaron a celebrar de la mejor manera tales eventos. Un mal día, alguien se inventó la política y lo contamino todo, hasta lo divino. De su mano nacieron las religiones, la mano larga de la política en las ideas sublimes de los seres humanos y a punta de decisiones político-religiosas, se trastocó lo que era importante. Por miles de años el inicio del ciclo se celebró el 21 de marzo. Era fácil intuirlo, el sol salía de nuevo, la tierra estaba lista para ser sembrada y se venía de largos y fríos otoño e invierno, mucho que celebrar con la explosión de color de las flores. Algunos, me cuento entre ellos, pensamos que el maestro Jesús pudo mejor nacer en medio de esta simbológica celebración, mas lo que sí es cierto es que fue otra decisión político-religiosa la que hoy nos tiene celebrando tanto su nacimiento como el final del año para estas fechas. La costumbre se ha impuesto y así llegamos a hoy, dando inicio a un nuevo año. Una década que termina y nos adentramos a una decisiva en todos los términos y ámbitos, años que en los que la especie mostrará lo más sublime y lo más denso de la condición humana, una década signada por siglos, el fin de un período de 12.960 años y el inicio de uno nuevo y, como todo inicio, cargado de Esperanza que cuando finalice, hayamos logrado más altura integral. Esta es mi opinión. Cuál es la suya?
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