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Dra. Flor Maria Puyo
Con Usted
Con Usted, es un Espacio en donde la Dra.en Psicología Flor María Puyo hace un análisis sobre temas de actualidad, importantes para la familia Hispana que recide en Estados Unidos.

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Tenía una amiga, que apreciaba mucho, no era bonita, pero tenía un encanto personal que atraía a la gente, es decir tenía carisma.

A donde entrábamos la gente volteaba a mirarnos por ella, era muy simpática, todo el tiempo sonreía.

Ni que decir con los caballeros, luchaban por ser su novio y ella manejaba la situación muy bien a todos les decía que eran primos y así evitaba cualquier reclamo, además no era novia de ninguno, sino amiga.

Realmente era muy difícil de atrapar y concretar.

Un día, después de salir con varios compañeros de universidad, uno de ellos le dio por apostar carreras. El caso, es que la policía nos paró, pudimos convencer al policía, de que todo estaba bien y cuando ya nos íbamos, mi amiga se bajó a decirle al policía, que no podía meterse con nosotros, porque su tío era el general Maza, (es decir el director de seguridad del país). Nosotros no lo podíamos creer, el oficial nos llevó a la estación de policía, “porque el no conocía al general Maza y deseaba conocerlo”, nos dijo.

El caso, es que nos tuvo hasta la madrugada allí, gracias a mi amiga, quien sonreía todo el tiempo.

Y así, fueron muchas cosas. Recuerdo otra vez, que salimos a una fiesta y una prima de ella, compró vestido y zapatos para ir, se arregló el cabello, en fin se puso como una princesa, “porque voy a bailar toda la noche”, nos dijo.

Cuando llegamos a la fiesta mi amiga la presentó como una prima que acababa de llegar de EE.UU. y no sabía hablar nada de español. A la pobre prima le tocó quedarse sentada con los crespos hechos toda la noche, porque ningún muchacho se le acercaba.

Yo la conocía muy bien, constantemente la concretaba y enfrentaba con sus mentiras. Un día me decía una cosa, otro día me contaba la historia de otra forma. En fin, era mi amiga y yo la aceptaba así. Pero hoy en día, me doy cuenta, que fue un desgaste de energía, que no valió la pena.

Ella vivía en un mundo falso, lleno de cuentos que a veces ni ella se los creía.

Pero de esto aprendí a cuidarme en lo posible, como decía mi padre a no decir mentiras.

A veces, uno piensa que es solo una mentirita blanca o pequeña que no afecta a nadie, pero si nos damos cuenta cada vez hay que decir otra mentira para
cubrir la anterior y así sucesivamente hasta que se convierte en una bola de nieve.

Cuando encuentro a gente muy habladora me doy cuenta que por lo general dicen muchas mentiras porque su ansiedad por hablar los lleva a que a veces tienen que inventar, para mantener a los demás concentrados en ellos.

Las mentiras no permiten que la gente nos conozca como somos, ponemos máscaras en nuestras vidas para ocultar cosas que realmente y en muchos casos no vale la pena.

Como me decía un señor, “me da pena decir que soy de un rancho y digo que soy de la capital”, y le pregunté, qué beneficios tenía con eso, a lo cual me contestó que ninguno.

Realmente a veces decimos mentiras por costumbre, porque eso es lo que hemos aprendido en nuestros hogares, eso es lo que les enseñamos a nuestros hijos. Por ejemplo, cuando alguien nos llama les decimos a nuestros hijos, “di que no estoy”.

Las mentiras, nos envuelven tan fácilmente que se convierte en una enfermedad de la cual no nos damos cuenta, llamada mitomanía.

No necesitamos que nuestras mentiras sean muy grandes para llamarnos mentirosos cualquier cosa que digamos que no es cierta ya es una mentira.

¿Cuál es su mentira y que ha tenido que hacer para mantenerla?



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