|
La mayoría de mis amigas, en Colombia, son profesionales, una abogada, odontóloga, médico, fisioterapeuta, en fin, unas 15 amigas. Solo una de ellas, se casó, cuando terminamos el bachillerato. Nos reuníamos una vez por semana, para almorzar y contarnos nuestras anécdotas. Ella, no tenia mucho que contar. Llegaba con afán y se iba con afán, porque tres hijos y un marido, la esperaban en casa. Todas las demás, teníamos independencia económica. Aunque vivíamos con nuestros padres, podíamos contar con dinero, para nuestros gustos. Llego el día, en que a una de ellas, le propusieron matrimonio. “NO, aún no ha nacido el hombre que venga a decirme lo que tengo que hacer,” nos contó, mientras almorzábamos, lo cual, todas apoyábamos con risas y comentarios adicionales. Llego mi día, y yo dije, “SI”. La ceremonia me pareció hermosísima, lloré y el pastor explicó en I de Pedro 3:1-22, Efesios 5:21-27, el papel del hombre y la mujer en el matrimonio. Cuando se acabó la ceremonia mis amigas no se podían parar de sus sillas y cada vez se adherían mas mujeres a este corrillo. Cuando me acerqué para saber lo que pasaba, se había formado un fortín feminista. Mis amigas hablaban acaloradamente del machismo, que las mujeres no necesitaban a los hombres, que ellas podían quedar solteras o simplemente no entablar ninguna relación, si eso implicaba, llevarlas a romper su independencia. El matrimonio no estaba en sus proyectos. Eso es un cuento de hadas me decían, no les interesaba verme vestida de novia y tratar de dañar mis ilusiones de un matrimonio guiado por Dios. Afortunadamente yo ya conocía sus comentarios, y estos no me afectaban. Con el tiempo y como es obvio, era la psicóloga del grupo, cada una empezó a llegar a mi consultorio, en la Clínica Retornar. La queja era, “Somos profesionales, tenemos un empleo estable, pero tenemos vació emocional”. Mis amigas no podían sostener una relación estable, porque no encontraban el hombre ideal para ellas. Cada una de ellas buscaba un hombre, que ganara mas plata, atractivo, no posesivo, no exigente con la comida, que no molestara con la ropa, que ayude en la casa con los quehaceres, no desee hijos pronto, no pida cuenta de donde estaba ni para donde iba y por supuesto, no contara en el presupuesto del hogar con la plata que ellas ganaban. Las mujeres, hemos perdido, la noción de nuestro papel, como mujeres, madres, esposas. Nos hemos dejado envolver por un sistema que en vez de darnos libertad nos esclaviza cada día más. Cada una de mis amigas, se fueron casando en la medida en que fueron dejando sus posiciones egoístas. Son madres y excelentes esposas. Ahora entiendo a mi amiga, que se casó cuando terminó su bachillerato. No es que no tuviera de que hablar, lo que pasaba era que lo que nosotras considerábamos de vitalidad, para ella no lo era porque sabía su papel y su responsabilidad en el hogar. Yo también he aprendido a depender de Dios y he aceptado que él puso liderazgo en mi esposo. Créame no es difícil aceptar este papel, cuando se ama y cuando se busca equilibrio en el matrimonio. Quisiera seguir con este tema, pero no tengo más espacio.
|
|