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Dra. Flor Maria Puyo
Con Usted
Con Usted, es un Espacio en donde la Dra.en Psicología Flor María Puyo hace un análisis sobre temas de actualidad, importantes para la familia Hispana que recide en Estados Unidos.

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Tenía una amiga, que se casó con un hombre muy atractivo y con buena posición económica.

Ella siempre que se reunía con sus amigas, hablaba muy mal de su esposo. Nos decía que él era “tacaño, celoso, aburrido, posesivo, malgeniado, cansón (etc)”.

Todos estos comentarios surtieron efecto, porque cada vez que lo veíamos nos causaba fastidio. Veíamos en él, todos los defectos que mi amiga decía.

Después de un tiempo, le pregunte a mi amiga ¿Porque hablas tan mal de tu esposo?

Ella me confesó, que su abuela le había aconsejad, que cuando se casara, hablara mal a sus amigas de su esposo, para no tener peligro de que alguna se interesara por él.

Me reí con ella mucho y aún hoy, cuando estoy escribiendo este articulo, me río sola.

Efectivamente su objetivo tuvo efectos.

Pero saliendo de esta anécdota, tan particular, hay otras personas que hablan mal de su esposo o esposa, pero no por defender su matrimonio, sino por todo lo contrario.

Lo hacen para ridiculizarlos, delante de los otros o porque no le ven las cualidades a su pareja, sino sus defectos.

Nos acostumbramos a burlarnos de nuestros compañeros, sin pensar que los estamos desvalorizando y bajándoles la moral.

Les criticamos su risa, su forma de vestir, de comer o sus chistes.

Estos comentarios, van haciendo parte de la vida entre la pareja y se van generalizando día tras día.

La pareja, se convierte en su peor crítico, en su peor enemigo. Un amigo decía “y lo peor de todo, es que toca dormir con el enemigo”

A muchos les parece divertido, ridiculizar a su pareja, hace parte de su juego psicológico, en el cual se encubren

la agresividad con chistes o risas, para evitar tener que confrontar la realidad, de que hay problemas en el matrimonio.

Muchas veces, he tenido que estar presente, en reuniones en que me pregunto, que hago aquí, cuando escucho a las parejas, empezar a agredirse de esta forma tan sutil.

Y es tan sutil que las personas que los escuchan, piensan que son muy divertidos y se ríen mutuamente de sus defectos.

La realidad, es que si uno le pregunta a cada uno de los integrantes de la pareja, va a aflorar el dolor, la impotencia, la rabia, el rencor, la frustración de ser agredido tantas veces.

Los seres humanos, tendemos más a ver los errores de los demás, que las cualidades. Es como un mecanismo de defensa, para evitar reconocer nuestros propios defectos.

Cuando
formamos nuestras parejas, lo hacemos en la mayoría de los casos, por amor, pero cuando permitimos que llegue la rutina, de nuestra boca no vuelven a salir palabras dulces sino agrias.

El peligro de acostumbrarnos a que nuestro cónyuge haga chistes, teniendo como referencia nuestras debilidades o fortalezas, es que se convierte en un hábito de comunicación.

Se supone que nuestro cónyuge, nos conoce mejor que cualquiera, que buscamos su apoyo, cuando lo necesitamos, que es la persona a la que recurrimos en momentos de soledad o cuando deseamos ser escuchados.

Y si somos una unidad ¿Porqué tratamos de dañarla, en vez de correr hacia un mismo objetivo, buscamos correr hacia lados opuestos, desgastándonos moral, psicológica y espiritualmente?







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