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Los hombres se casan con el deseo de que su futura esposa no cambie. Es decir, que se mantenga delgada, amorosa, sin arrugas y pendiente de ellos todo el tiempo como en el noviazgo. En cambio las mujeres nos casamos confiando en cambiar todos los defectos que tiene nuestro futuro esposo, como el alcoholismo, las drogas, el gusto por otras mujeres o cualquier otro defecto que veamos en ellos. Sin embargo esta idea de que somos responsables de cambiar a otros solo nos trae frustración y conflicto. Dentro del matrimonio esto hace que la mujer pierda de vista su propia necesidad de cambio. Esto hace que se concentre en las carencias o necesidades de los demás y nunca enfrente sus propias necesidades. Por eso vemos esposas que en lugar de cumplir con su función como tal se convierten en las madres de sus esposos. Inutilizan tanto a su esposo que le quitan toda responsabilidad y valor como persona, siendo al final de la jornada una tarea exhausta para la misma mujer. Es triste ver mujeres que tratan a sus esposos como incapaces al tener que repetirles las cosas dos y tres veces y aun así, ir a hacerlas porque sienten que su esposo no va a poder hacer las cosas bien. Las mujeres por mas que queramos no vamos a poder cambiar a nadie y mucho menos a nuestros esposos. En una conferencia que di hace un mes le preguntaba a las parejas que cosas deberían cambiar cada uno para tener una mejor relación dentro del matrimonio. Las personas contestaron lo siguiente: Si mi esposo fuera más amoroso conmigo yo podría tratarlo mejor. Si mi esposa no me sacara a relucir cada vez que peleamos las cosas malas que hago yo seria más detallista con ella. Y si el o ella hiciera o cambiara esto o aquello yo haría o seria de esta o tal forma. Lo curioso es que ninguno asumió su propia responsabilidad para un verdadero cambio. Siempre estamos mirando los cambios del otro para actuar y nunca comenzamos por donde deberíamos comenzar es decir NOSOTROS MISMOS. Lo curioso es que la mayoría de las veces cambiamos para mal y no para mejorar. Por eso después de varios años de casados o de compartir como pareja, que es cuando mejor deberíamos estar, porque nos conocemos mejor, hemos podido limar asperezas y hemos aceptado formar una nueva familia, es cuando mas discusiones y conflictos se presentan. Entre mas andemos en nuestra relación, mas necesitamos de Dios, porque es el único que cambia y trasforma vidas, no nosotros.
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