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Mientras esperaba a que mi hija mayor saliera de la escuela, después de una práctica de violín, vi como los padres bajaban del carro y pasaban a la silla del pasajero para dejar libre la silla del conductor a su hijo o hija de 15 años. Hasta ese momento no me había dando cuenta de la cantidad de quinceañeros que están al frente del timon de un carro. Por supuesto yo estoy en esa lista de padres que nos bajamos del carro para dejar la silla del conductor al hijo. Aunque mantengo mi vista en los carros de adelante, atrás, a los lados, de vez en cuando miro a mi hija y lo que veo es a una niña que cree que el mundo esta a sus pies y no flota porque tiene que manejar. El enseñarle a mi hija a manejar me ha dado la oportunidad de confrontarla con la realidad y de reevaluar algunas enseñanzas de la vida. Hemos tenido que ver la importancia de respetar las señales de transito para evitar un choque y mantener el orden en el transito. Esto me ha permitido recordarle sus valores morales y el respeto por los demás. La necesidad de mantener la humildad a pesar de cualquier circunstancia, esto la mantendrá con los pies en el piso y no flotando en una nube fuera de la realidad. Ella ha tenido que aprender a no desesperarse cuando alguien va lento adelante, aunque ha sido difícil por su temperamento fuerte, pero hace parte de su aprendizaje. Ella quería manejar y buscó el libro que se aprendió en un día de memoria para ir al examen. Esto me recordó la satisfacción cuando se logra algo con esfuerzo. Le he enseñado que manejar no solo es llevar un carro hacia adelante, sino que requiere muchas otras cosas e inclusive a veces hay que manejar por los otros. “Ahora quiero mi propio carro mami”, me dijo, ¡NO! le repliqué, aún tienes que aprender y madurar en muchas otras cosas. Poco a poco llegara el día que tengas tu propio carro pero por ahora, serás mi chofer. Con esto le estaba diciendo algún día tendrás que salir a la vida pero mientras estés en mis manos seguiremos ensenándote y preparándote. Ella sueña con el modelo del carro, el color y la promesa de llevar a su hermana a todos los lugares donde ella desee. Pero antes le dije tu debes orar y encomendar tu camino y diario vivir a Dios, porque sin El a ningún lado debes ir.
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