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Un amigo me llamo para dictar una conferencia en Arkansas, para el mes de octubre. Al preguntarle sobre el tema la voz al otro lado de la línea me dijo “la Dignidad de la Mujer”. ¿Y porqué ese tema? le pregunte. El me contesto he viajado en estos últimos meses por África, India, Sur América y he visto las condiciones en que esta la mujer a nivel mundial. Por un momento pensé en ese tema y le dije que seria mejor hablarle a los hombres y no a las mujeres sobre la dignidad de las mujeres. Después de reírnos un rato me dijo: debemos crearle conciencia primero a la mujer sobre su dignidad, porque ellas son las que han permitido llegar a donde están. Después de hablar de otras cosas y mientras leo algunos libros sobre el tema pienso que desafortunadamente mi amigo en algo tiene la razón. Escuchaba a una señora con cinco hijos quejarse porque su esposo ganaba mas que ella y esto la hacia pensar que él se creía mejor que ella. Esta señora pensaba que ella debía conseguir otro trabajo además del que ya tenia para demostrarle a su esposo que también podía ganar buen dinero. Esta situación la tenia enojada, amargada y frustrada y no le permitía disfrutar su matrimonio ni a sus hijos. Al preguntarle que necesidad tenia de echarse otra carga más a su espalda además de la casa, los hijos, el esposo y el trabajo en una fábrica, ella dejo caer sus hombros y relajo sus mandíbulas que mantenía apretadas por la tensión, y solo bajo la mirada. Ya no dejamos que nos abran la puerta del carro o la puerta del restaurante, nos saquen la silla para sentarnos o nos coloquen su saco cuando tenemos frío, ya el hombre no siente ninguna necesidad de protegernos porque les hemos demostrado que somos las machotas o las varonas en la relación. Los hombres ya no nos ven como vasos frágiles a los que hay que amar sino a compañeras en el pago de la luz, del teléfono, de la renta, de la comida, etc. Les hemos dicho con nuestras actitudes y con nuestra boca que somos supermujeres y yo me pregunto a razón de que. Esto nos ha llevado a quitarle la autoridad del hombre a volvernos hurañas, cansadas y a competir con nuestros esposos en diferentes niveles en lugar de ser sus compañeras en busca de objetivos comunes. Aun no se como voy a enfocar esta conferencia, pero lo que si sé es que las mujeres estamos poniendo sobre nuestras espaldas más peso del que deberíamos tener por demostrar lo que no deberíamos ser. Lo malo es que con estas actitudes lo único que ganamos es sufrimiento, desperdicio de tiempo y vamos en contra de nuestra propia naturaleza. Los hogares ya no son refugios para la familia son campos de competencia en donde nadie gana pero todos sufren.
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