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Hay decisiones pequeñas como si uno de los dos tiene sueño y el otro está interesadísimo viendo una película, ¿se apaga o no el televisor? O decisiones importantes que las parejas deben enfrentar juntas. Algunas situaciones se resuelven fácilmente. Otras, en cambio, provocan serios conflictos, especialmente cuando cada una de las partes trata de obtener la mayor ganancia personal, y cuando la pareja no tiene reglas claras para resolver los problemas. El poder se puede definir como "la habilidad de una persona para cambiar la posible conducta de otra u otras". Esto implica que hay una relación activa entre el que manda y el que obedece. Por esto, los problemas del poder constituyen un elemento esencial en la interacción de los individuos y son inevitables en el matrimonio. Independientemente del origen, el poder no es un atributo personal, como la inteligencia o la belleza. Si no hay otros a los cuales mandar, el poder no existe; el poder será respetado sólo si el otro cree que sus metas serán mejor logradas a través de la persona que manda; el poder es siempre relativo, ya que presupone la aceptación del que obedece; el poder es siempre transitorio, porque las situaciones cambian. El matrimonio igualitario es una meta deseable, pero todavía es un mito. Sobre todo porque suele entenderse como igualdad absoluta, lo cual aumenta las posibilidades de conflicto, incluso en aspectos mínimos. Curiosamente, aunque no exista equilibro perfecto, se genera menos conflicto cuando el hombre manda más, que cuando la mujer manda más, porque ella experimenta la situación como inapropiada. Se trata de que la pareja llegue a acuerdos claros sobre la toma de decisiones. Por ejemplo, el marido o la mujer pueden tener autoridad en algunas áreas; en otras las determinaciones se tomarán en conjunto; y existirán aspectos en los cuales cada uno decidirá por cuenta propia. Cuando esto se logra, la frecuencia e intensidad de los conflictos disminuyen en forma notable. Desafortunadamente cuando mandan dos al tiempo hay la posibilidad de desautorizar al otro y esto causa inestabilidad en los hijos si los hay, porque reciben dos órdenes y no saben cual cumplir, claro que siempre van a hacer caso a la orden que mas les conviene. Pero así estemos en pleno siglo XXI, la mujer trabaje, el hombre quiera dar cuantas explicaciones al asunto la verdad aunque muchos no la entendemos es que Dios es perfecto y nunca, nunca se equivoca o cambia de parecer. El dice que el orden debe ser Primero Dios, el hombre, la mujer, los hijos y lo demás……. Durante mucho tiempo me costo aceptarlo, me preguntaba porque, para que, pero hoy en día puedo decir como dicen las mexicanas ¡Mande!
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