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Llegó la época de los regalos de las cenas familiares de pedir perdón de reconciliaciones. Las fiestas son una época de luces en donde el corazón se vuelve muy blando y las personas tienden a dar. Nos preocupamos del regalo que vamos a dar a nuestro hijo, familiares y amigos. Pero veamos más allá de las luces y los regalos y pongamos atención en como enfrentan los niños la vida familiar con su constante agite. Me gustaría tomar una carta que una niña de 9 años escribió acerca de lo que ella pensaba lo que era una abuela. Esta carta fue publicada en un hospital infantil de los Ángeles. Espero aprecie la profundidad de los conceptos expuestos por esta niña. “Una abuela es aquella mujer que no tiene niños propios. Le gustan los hijos de las otras personas. Un abuelo es como una abuela, con la diferencia que él es un hombre. Le gusta caminar con sus nietos, y que ellos le hablen de pequeñeces. La abuela no hace nada, excepto lo que se le presente. Es vieja, de manera que no puede jugar fuerte o correr rápido. Así que basta con que nos lleve al supermercado a cabalgar en los caballitos mecánicos. Y siempre tendrá las monedas listas para irlas poniendo a fin de que sigan funcionando. Y si nos saca a caminar, irá lentamente pisando las hojas caídas de los árboles. Jamás la abuela dirá: “vamos, niños, apúrense”. Por lo general, las abuelas son gordas, pero siempre se las arreglan para poder atarnos los cordones de los zapatos. Usan lentes y ropa muy graciosa. Y se pueden sacar los dientes y mostrártelos. Las abuelas no son personas inteligentes. Sólo tienen que responder a preguntas sencillas como: “Abuela, ¿Dios está casado?”, o ¿Por qué los perros persiguen a los gatos?” Las abuelas siempre nos hablan en un idioma fácil, y no como las visitas a quienes es difícil entender. Y cuando nos leen un cuento, no protestan, ni nos recuerdan que ya lo han leído varias veces. Cada niño debería de tener una abuela. Especialmente, si no tiene televisión. Porque ellas son las únicas entre los adultos que siempre tienen tiempo. Los niños necesitan de personas mayores que caminen con ellos y les escuchen hablar de pequeñeces, que les contesten preguntas acerca de Dios y de la naturaleza. Sé que mi mensaje suena aislado y solitario en medio de la sociedad que vivimos. ¿Por qué tenemos que recordar a los padres que sean sensibles a las necesidades de sus hijos? ¿No debería ser esta una intención natural de su amor e interés? Los padres, están trabajando duramente, para conseguir lo que el niño desea, o lo que el papá desea regalar a su hijo, porque muchas veces no es la necesidad del niño, sino la compensación de un padre, que no pudo tener ese juguete, en su niñez. Se les pasa el mes de Diciembre, y meses anteriores y posiblemente, vendrán muchos más, en donde los niños, no están incluidos, en el programa de “cosas” por hacer, que los padres tienen. Es que lleva tiempo introducirlos en lectura de buenos libros. Lleva tiempo escucharlos cuando nos cuentan de cómo se hicieron esa herida en la rodilla. Los niños, cuando sean adultos, no nos van a dar las gracias, por la ropa que tuvieron, o por los regalos recibidos. Ellos sólo se acordaran, de la clase de padres que tuvieron. Los padres, creen que otra persona, puede trasmitir el sentido de estimación y aprecio, a aquel niño que todas las mañanas tiene que decir entre sueños a su progenitora: “Adiós, mamá”
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