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Mi abuela fue una mujer muy especial en mi vida. Mis vacaciones eran esperadas para poder tener una semana en su casa, en el rincón de su cama, en su cocina, en la calle para caminar a su lado de gancho. En casa de mi abuela la comida siempre abundaba: había sopa, seco, jugo de fruta, postre. Tanto al almuerzo como a la comida. Lo curioso es que sus ollas eran pequeñas, pero lo hacía con tanto amor que todo sabía delicioso. Mi abuela fue una mujer tan fuerte que logró que sus 4 hijos no se casaran. No se que les decía o como les hablaba. El caso es que ella murió y ellos siguen solteros. Mi abuela me decía “Señorita Encantada, y así me sentía durante los días que pasaba en su casa. Escuchaba hace poco a alguien decir que un muchacho le dijo a su papá, “Venía en el caballo y se tropezó, me caí, pero gracias a Dios, que no me pasó nada. El padre le contestó, yo también le doy gracias a Dios, porque mi caballo nunca se ha tropezado”. He escuchado gente que le agradece a Dios porque los sacó del alchololismo, de las drogas, de relaciones patológicas. Uno escucha a la gente pidiendo por un trabajo, por salud, por la familia y un sin número de necesidades. Pero al recordar a mi abuela, pensaba que Dios me había salvado de muchas cosas malas en la vida, que me permitió nacer en una familia donde nunca ví a mi padre tomando una cerveza o algún tipo de licor, nunca ví llorar a mi madre, porque mi padre la golpeara o la maltratara verbalmente, nunca vi a un hermano caer en drogas, o un hermano rebelde. Y le daba gracias a Dios que en su misericordia me había cuidado de muchas cosas en las cuales hubiera podido caer fácilmente. Pero a la vez me siento con más deuda con El. Me ha dado fuera de todo esto, la Vida Eterna y me ha permitido conocerlo a fondo. Mi caballo, ha tropezado muchas veces, pero ha sido porque siempre he querido hacer lo que yo quiero a mi modo y con mis fuerzas. Cuando estoy ahogándome busco a Dios. Pero el recordar a mi abuela, mi familia, mi infancia, solo pueden escurrirse las lágrimas por mis mejillas en agradecimiento. Me duele no darles una historia familiar a mis hijas que contar, pero se que si les doy la familia que necesitan y las instruyo en la palabra de Dios, ellas van a tener que decir a sus hijos y estos a sus hijos y estos a sus hijos. Ustedes pueden ser la historia en sus hijos, buena o mala depende de cómo la vivan. Vinimos en busca del sueño americano, pero para que sea completo debe haber con quien compartirlo. De nosotros depende ser parte en la historia de nuestra familia o pasar sin pena ni gloria.
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